sábado, 28 de diciembre de 2013

ANTIOXIDANTES


Creo que ya he comentado que nuestro organismo es un conglomerado de sustancias químicas muy complejas, dispuestas de una determinada manera y que reaccionan entre sí haciendo que seamos lo que somos. En nuestro caso, personas; en otros casos, los distintos animales y los distintos vegetales. Así que me parece impresentable que alguien diga “no me tomo los medicamentos porque son pura química”. Eso sólo demuestra ignorancia del tema, porque nosotros somos química y todo lo que ingerimos también es química. Aunque sean productos naturales. Ya sean los alimentos, ecológicos o no, las plantas medicinales, las sustancias tóxicas y, por supuesto, los medicamentos, todo está compuesto por sustancias químicas.  

Las reacciones químicas de nuestro organismo son de muy diverso tipo, pero las más frecuentes son las reacciones de oxidación.

Estas reacciones, aunque son imprescindibles para la vida, también pueden ser perjudiciales porque a lo largo de su producción pueden aparecer sustancias nocivas como los radicales libres. Pero; 

¿Qué son los radicales libres?
Un radical libre es una sustancia química que se forma como consecuencia de diversas reacciones de nuestro organismo; sobre todo como consecuencia de las reacciones de oxidación. Son elementos que tienen una gran facilidad para reaccionar con otros produciendo reacciones en cadena que lesionan a las células.  

Los procesos normales del organismo producen radicales libres (la asimilación de los alimentos, la respiración, el ejercicio, etc.). El cuerpo está preparado para frenar el exceso de estos radicales, pero hay situaciones en las que aumentan su producción como por ejemplo: ciertas enfermedades, la contaminación ambiental, un estilo de vida inadecuado (fumar, consumir alcohol de forma excesiva, consumir otras drogas, dieta rica en grasas) o el envejecimiento.
El exceso de radicales se combate con otras sustancias químicas llamadas antioxidantes. Nuestro organismo posee distintos sistemas de sustancias antioxidantes, como la vitamina C, vitamina A y vitamina E. Para el mejor rendimiento de nuestro cuerpo es necesario mantener unos niveles adecuados de sustancias antioxidantes ya que cuando estos niveles bajan pueden aparecer daños o incluso la muerte de diversas células. 

La formación de estos radicales parece estar asociado a la aparición de diversas enfermedades, especialmente  accidentes vasculares cerebrales, ciertos cánceres y enfermedades neurodegenerativas (Alzheimer, Parkinson…). Es por esto que en los últimos años la farmacología está estudiando intensamente el uso de antioxidantes para el tratamiento de las enfermedades citadas.

Cómo consecuencia de lo anteriormente expuesto, son muchos los productos dietéticos conteniendo sustancias antioxidantes que han aparecido en el mercado. Nos prometen retrasar el envejecimiento, mejorar el rendimiento psíquico y físico o evitar la aparición de enfermedades como el cáncer y el infarto de miocardio. Sin embargo, actualmente no se sabe con exactitud si el consumo de antioxidantes en suplementos dietéticos ejerce algún efecto beneficioso sobre nuestro organismo. Aunque algunos estudios han sugerido que los suplementos antioxidantes tienen beneficios para la salud, otros ensayos clínicos no descubrieron ninguna ventaja en su consumo y si que nos advierten de que consumirlos en exceso puede llegar a ser dañino.  

Y, llegados a este punto quiero hacer una cita. Un científico del siglo XVI llamado Paracelso dijo: Todo es veneno, nada hay sin veneno. Sólo la dosis hace el veneno”. 

Eso sigue hoy igual de vigente que en los años 1500. Cualquier cosa, incluidos los alimentos y las plantas medicinales, a dosis superiores a las adecuadas, se convierten en venenos. Lo que sucede es que hay cosas menos venenosas que otras: es mucho más fácil envenenarse con un medicamento tranquilizante que con valeriana. Pero si subimos lo suficiente la dosis de esta última puede crearnos problemas.

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